erosión

  • Un delicado equilibrio de nombre duna

    Por Jorge Bauzá-Ortega

    Director Científico del Programa del Estuario de la Bahía de San Juan

    Sin duna no hay playa

    No es casualidad que 4.2 millones de turistas escojan a Puerto Rico como su destino turístico.  Nuestras playas son su atractivo pincipal. Para nosotros residentes son recreación y esparcimiento todo el año, a bajo costo, en familia o con buenas amistades. Son la playas las que nos distinguen como isleños. Pero muchas de estas playas desaparecen por falta de arena, por falta de dunas.

    La dunas son esas acumulaciones o montañitas de arena que se forman detrás de la playa- hacia tierra firme. En ocasiones estan cubiertas de vegetación – que es muy bueno - y en otras ocasiones las vemos peladitas, solo pura arena de arriba a abajo. Estas son muy dinámicas, es decir, se mueven o migran a merced del viento y de las olas. Pero para entender la duna y su dinámica, tenemos primero que hablar de las zona que forman una playa. Veamos. La zona donde rompe la ola, le llamamos la rompiente, donde la ola sube y baja le llamamos el estrán.  El estrán es donde nos refrescamos los pies cuando no deseamos mojarnos de cuerpo completo, cuando solo deseamos andar y meditar en la playa. Y está la berma, o la parte seca de la playa, donde colocamos las sillas de playa, la neverita o jugamos “frisbee” o “volleyball”. Entonces, detrás de la berma están las dunas.

    Lo interesantes es que la arena se mueve de una de estas zonas hacia la otra, por la acción del viento y del mar, y luego regresa, para comenzar nuevamente un ciclo. A esto le llamamos la dinámica de una playa y viene ocuriendo hace más de 10,000 años, desde que la playas son playas. El problema está cuando interrumpimos esta delicada dinámica, cuando desbalanceamos el equilibrio. Por ejemplo, cuando extraemos la arena de la duna - sin cuidado y estudio - para la construcción de edificios, urbanizaciones, carreteras, condos y hoteles. En este caso estamos retirando el “dinero de la cuenta” sin depósito después. El resultado: erosión costera, desaparación de la playa y de sus encantos. Esto ya ocurrió y ocurre en Isla Verde, en Ocean Park, en Isabela y en Loíza por mencionar algunas de tantas zonas costeras. Y de hecho, ¡le toma a la naturaleza miles si no millones de años en crear, procesar y depositar un grano de arena!

    Otra gran amenaza a las dunas es la construcción de estructuras en la costa, mal planificadas, por supuesto. Por ejemplo, la construcción de espolones en la costa. Estas son las estructuras que salen perpendicular a la costa para disipar la energía del mar y supuestamente proteger vida y propiedad. En este caso, los espolones interrunpen el tránsito de la arena de una zona de la playa a la otra, ocasionando un desbalance; la arena llegará o tal vez no llegará. El resultado, erosión y desaparición de la playa a un lado del espolón. Y a estas amenazas se le suman el uso de vehículos campo traviesa, la construcción de represas en los ríos que estrangulan el aporte de arena de la cuenca, la deforestación de la vegetación costera, la basura marina, el tránsito peatonal, las descargas de aguas pluviales-sanitarias y la combinación de las anteriores.

    Las dunas nos protegen, gratis, día y noche. Y es que las dunas son barreras naturales en los momentos turbulentos del mar. Es decir, amortiguan las olas producto de las tormentas invernales y tropicales. Y evitan las inundaciones costeras que tanto nos asustan. Estas sí salvan vida y propiedad. Más hoy día, cuando experimentamos un ascenso en el nivel del mar producto del calentamiento global, donde la ola cada día llegará más arriba, al balcón de la casa, a la carretera, a la escuela, y quien sabe si hasta la propia pista de nuestro aeropuerto internacional. Pero esto es tema de otro artículo.

    Además de barrera natural, las dunas son ricos ecosistemas costeros. Albergan plantas únicas en su clase y criaturas del litoral como el cangrejo ermitaño. Pero más aún, reciben la visita de las tortugas marinas - como el tinglar - para depositar sus huevos y preservar su especie. La triste realidad es que Puerto Rico pierde sus dunas y playas. Se ha observado la pérdida de hasta 15 pies del ancho de una playa en solo una vuelta al sol -en solo un año. Y este problema se complica por la falta de protección de la dunas.

    Tenemos la responsabilidad de actuar. Por tal razón, el Programa del Estuario de la Bahía de San Juan organiza e implementa proyectos de restauración y creacción de dunas en diferentes puntos del litoral metropolitano. Estos proyectos consisten en la colocación de sistemas para retener la arena y en la siembra de vegetación costera. La vegetación costera como el bejuco de playa (Ipomea), la uva playera (Coccoloba uvifera) y la yerba de sal (Spartina) hacen crecer las dunas y las estabilizan. Estos esfuerzos se realizan con la comunidad, que se convierten en ciudadanos científicos y aportan con su compromiso, dedicación y tiempo. Ellos son los verdaderos héroes de la restauración… el equilibrio necesario.

    (febrero 2017)