educación

  • Contamos con nuevos líderes estuarinos apoderados

    viernes 13 de enero de 2017

    Ocho estudiantes de Tasis Dorado son ahora nuevos líderes estuarinos tras completar cuatro días de aprendizaje sobre liderazgo y sobre las iniciativas de restauración que realiza el Programa del Estuario de la Bahía de San Juan.

    “La perspectiva de los jóvenes y sus intereses es vital para el manejo apropiado de proyectos de restauración ante la amenaza del cambio climático. Los estudiantes de intermedia y superior de hoy, serán los próximos administradores de proyectos ambientales en momentos en los cuales se proyecta una pérdida de litoral costero de gran escala para Puerto Rico”, explicó la directora ejecutiva del Programa del Estuario, Brenda Torres Barreto, sobre propósito del piloto Apoderamiento al Líder Estuarino que arrancó con el grupo de Tasis.

    Los estudiantes iniciaron la jornada de cuatro días el martes, 10 de enero con la presentación de los objetivos de la iniciativa y una visita a la comunidad La Perla, donde conocieron a líderes del vecindario y sus proyectos de sustentabilidad comunitaria.  Además, el equipo del Programa del Estuario habló sobre la geomorfología de la playa y la costa como un hábitat para especies de aves.  Luego, en el Centro de Estuario, conocieron el trasfondo histórico del Programa y los recursos del estuario, así como el plan de manejo para su restauración. También conocieron sobre los principios del manejo de proyectos ambientales.

    Al día siguiente, el grupo se hizo cargo del monitoreo semanal de calidad de aguas en las cinco estaciones de la Laguna de Condado, hicieron el análisis de las muestras en el laboratorio que revelaron que el cuerpo de agua no cumplió con los estándares de calidad de agua.  En la tarde, los jóvenes conocieron sobre iniciativas para evitar contaminación de aguas por los desperdicios que arrojan los ciudadanos a las calles.  Esta información les proveyó las bases para evaluar las calles del Viejo San Juan y recoger uno de los desperdicios más comunes en estas, las colillas de cigarrillos.  En total los estudiantes recogieron 573 colillas en unos 700 metros de distancia.

    El jueves se trasladaron a la Playa Aviones, en Piñones, donde el Programa del Estuario lleva a cabo el proyecto de restauración de dunas y siembra de espartina, como medidas de mitigación a la erosión costera, producto del cambio climático.  Allí sembraron y realizaron el perfil de playas para el mes de enero, actividad mensual que permite recopilar datos para identificar cambios en la costa y en las corrientes. En la tarde, los jóvenes conocieron sobre el rescate de espacios baldíos y la importancia de la acción civil desde la comunidad.  El proyecto que visitaron fue Casa Taft, en Santurce, una iniciativa de urbanismo y desarrollo comunitario.

    “Para el Programa del Estuario de la Bahía de San Juan fue un placer haber incorporado a los estudiantes de la escuela Tasis Dorado en una de nuestras semanas de intensa interacción con líderes comunitarios y proyectos de campo hacia la restauración del sistema del Estuario de la Bahía de San Juan”, indicó Torres Barreto.  

    El adiestramiento cerró el viernes, 13 de enero, con una presentación de los estudiantes sobre su experiencia de aprendizaje y su interés de unirse a las iniciativas del Programa. Como primer paso, decidieron tomar control sobre la estabilidad de dos de las iniciativas, perfil de playas y programa de monitoreo, a través de una actividad de levantamiento de fondos para la compra de materiales.

    El estuario de la bahía de San Juan es el único tropical dentro del Programa Nacional de Estuarios de Estados Unidos, creado por la Ley de Agua Limpia federal. El Programa del Estuario es una entidad sin fines de lucro (501c3) que diseña, implanta y da seguimiento a acciones para mejorar la calidad de las aguas y ecosistemas asociados, dentro de la cuenca hidrográfica del Estuario de la Bahía de San Juan. Lo hace con la participación ciudadana y en alianza con los sectores público, privado, científico, académico y comunitario.

    Mira la reseña que hizo El Nuevo Día Educador: http://www.elnuevodia.com/noticias/ende/nota/nuevoslideres%C2%A0esturinos-2284423/

  • El verdadero rostro de un manglar

    Por Dr. Jorge Bauzá-Ortega

    Director Científico del Programa del Estuario de la Bahía de San Juan

     

    Se trata de un árbol capaz de proteger las costas del fuerte oleaje, mantener el agua limpia, promover las pesquerías, ser fuente de medicamentos, permitir el desarrollo de arrecifes coralinos y sustentar -todo al mismo tiempo- una diversidad de aves y otras criaturas. Esto sin contar que controla inundaciones y promueve actividades recreativas y hasta científicas. Nos referimos al mangle rojo (Rhizophora mangle), un árbol único que habita entre el mundo terrestre y el acuático, en el mismo litoral puertorriqueño.

    Su nombre de mangle rojo responde a una sustancia conocida como taninos que produce en su corteza. Este compuesto protege las raíces contra la pudrición y al árbol de infecciones pues es un bactericida natural. En el pasado, dicho tanino era extraído para curar y preservar las suelas de los zapatos y redes de pesca. Al punto que para mediados de los 1800, la cáscara del mangle rojo estaba registrada como un artículo de exportación de Puerto Rico.

    Las raíces sumergidas entre la tierra y el mar del mangle rojo proveen uno de los habitáculos más importantes y curiosos conocidos en el mundo marino. Razón por la cual se le considera el vivero de los mares tropicales, ya que más del 80 por ciento de los peces que habitan en los arrecifes de coral y otros ambientes marinos profundos pasan parte de su etapa juvenil protegiéndose y alimentándose entre sus raíces. De esta forma, sustentan toda una diversidad de especies y benefician las pesquerías en los mares tropicales.

    Como si fuera poco, los manglares como ecosistema mejoran la calidad de las aguas en la costa pues estas mismas raíces actúan como trampas naturales que retienen los sedimentos. Además, estas inmovilizan contaminantes como pesticidas y nutrientes en exceso antes que lleguen al océano. Al mejorar la calidad de las aguas en la costa permiten el desarrollo de otras comunidades como los arrecifes de coral y herbazales marinos que dependen de aguas claras para subsistir.  Además de retener los sedimentos, amortiguan el fuerte oleaje y protegen la costa de la erosión ya que la energía de una ola puede ser reducida en un 75% al pasar por una franja de manglar de apenas 200 metros.

    Ahora bien, existió y existe la idea de que los manglares son criadero de mosquitos, malolientes y focos de enfermedades. De hecho, la Resolución Conjunta Número 7 del 13 de mayo del 1927 autorizaba al Gobierno de Puerto Rico a vender manglares del Pueblo de Puerto Rico para ser desecados, pues estos se consideraban “altamente perjudiciales a la salud, por ser criaderos de mosquitos y consecuentemente focos de malaria y otras enfermedades y terrenos improductivos”. Tuvieron que pasar 78 años para que se reconociera la importancia de los manglares y su protección quedara plasmada en la Ley Número 60 del 20 de agosto de 2005, que permitió la protección de los manglares y otros humedales.

    El Programa del Estuario de la Bahía de San Juan -con la colaboración de su ejemplar cuerpo de voluntarios y colaboradores- ha sembrado sobre 3,000 plántulas de mangle rojo en lugares donde el manglar fue destruido. Es hora de que devolvamos a nuestras costas su verdadero rostro, lo que les fue arrebatado, por el bien y beneficio de ella, sus criaturas y de nuestra propia existencia.

    enero 2017